María tenía una academia de idiomas que lideraba junto a su marido como autónoma y autónomo colaborador, respectivamente. En el momento previo a la crisis del COVID-19, tenían dos sedes. Articulamos un plan de negocio para mantener la actividad, pero resultó infructuoso, ya que, aunque se ejercía actividad online la merma del negocio presencial ocasionó una bajada radical de ingresos.

No tuvimos más remedio que seguir la fase de concurso extrajudicial y judicial para intentar revertir la situación, así como, que el impacto económico fuera el menor posible.

En primer lugar, interesamos la petición de acuerdo extrajudicial de pagos en el Registro Mercantil donde se designó un mediador concursal. En esta fase, el intento de acuerdo con los acreedores terminó sin éxito, por lo que tuvimos que seguir la fase judicial. Y, después de varios meses de duro trabajo, alcanzada la fase de liquidación, tomamos la decisión de vender la unidad productiva; ¿Pero, quién iba a querer un negocio en quiebra, sin posibilidad por la pandemia de actividad presencial? Intentamos la venta a través de toda nuestra red de contactos, pero no fue posible. Ahora bien, supimos revertir la situación. La clienta asumió el cierre del negocio para pagar a los acreedores, y después de una batalla judicial GYK ABOGADOS consiguió la exoneración de todas las deudas.

Conseguimos que María tuviera una segunda oportunidad, para emprender de nuevo la actividad, adaptada a las nuevas tecnologías.Si te ves representada en este supuesto, y tienes alguna duda en la segunda oportunidad, no lo dudes, en GYK ABOGADOS te ayudamos; preguntar es gratis.

Si este es tu caso te dejamos el caso aquí.

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